Felicidad, alegría, datos neurobiológicos.

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Por José Luis Velayos, Catedrático Honorario de Anatomía y Neuroanatomía de la Universidad de Navarra. Catedrático Honorario de Neuroanatomía de la USP CEU. Fue Catedrático de Anatomía en la Universidad Autónoma de Madrid. Recibido el 25 de enero de 2019.

No es lo mismo la alegría que el bienestar corpóreo, situación ésta que también se da en los animales. La alegría no es la del “animal sano”. Tampoco consiste en tener “salud, dinero y amor”. Es algo más profundo.

Dan alegría la sinceridad, la generosidad, el tener hijos, el dedicar tiempo a la familia. Es aprender a disfrutar de las pequeñas y cotidianas cosas de la vida, como la conversación, el descanso, la amistad, el trabajo.

La alegría no tiene que ver con el dinero de que se dispone, pues a medida que los ingresos aumentan, se multiplican las aspiraciones materiales y  los niveles de felicidad incluso pueden descender.

Los casados son, en general, más felices que los solteros; quienes se separan o enviudan son menos felices.

La alegría y la tristeza no van en consonancia con el prestigio, el dolor, o  la enfermedad: no es lo mismo la felicidad que lo que produce felicidad. “La función felicidad depende de la razón entre las aspiraciones y los logros en cada dominio de la vida”, escribe Richard Easterlin.

La tristeza es la mayor aliada del “enemigo”.

Para algunos, las cuatro condiciones determinantes para ser feliz son la autonomía, la competencia (ser efectivo en las actividades que se emprenden), los vínculos con otras personas y la autoestima. En segundo lugar estaría la determinación (tener metas propias), el ser físicamente atractivo, y en último lugar, ser popular y tener dinero.

Se postula que cada emoción está asociada con un circuito cerebral particular: la amígdala cerebral está relacionada con el miedo, la ínsula con el disgusto, y el estriado ventral con la agresión; la corteza prefrontal está involucrada en la regulación de la emoción y con la toma de decisiones guiadas emocionalmente. Los estímulos de recompensa activan frecuentemente el estriado ventral; se trata de zonas que son activadas por las drogas, y en especial la cocaína.

Hoy se sabe por imágenes de resonancia magnética que el ánimo positivo se asocia con una mayor actividad de la corteza prefrontal izquierda.

En estudios de tomografía por emisión de positrones se ha visto que el lóbulo frontal está  involucrado en la percepción de objetos que son agradables; y  la amígdala cerebral está relacionada con la percepción de objetos que son feos, o malos.

La percepción de caras hermosas está relacionada con la parte inferior y medial del lóbulo temporal; con ella también distinguimos si una cara es familiar o no, lo cual también  abre las puertas a un sentimiento de felicidad o no.  “Esta observación me hizo pensar que es más importante filogenéticamente, para la supervivencia, reconocer los peligros y las cosas feas, y por eso éstas están relacionadas con el cerebro más antiguo”, comenta S. Paradiso, de la Universidad de Iowa.

La corteza orbitofrontal  tiene relación con la recompensa y el placer.

Pero el cerebro trabaja en red y como si fuera un piano, algunas notas son más fuertes que otras: se activa todo el cerebro, aunque haya un área predominante.

Estudios de resonancia magnética funcional  revelan que las mujeres y los varones procesamos las emociones de forma diferente.

En las lesiones del hemisferio cerebral derecho los pacientes tienen risa patológica o se muestran desinhibidos; cuando la lesión es en el izquierdo, hay más depresión o angustia. Todo esto indicaría que el lado izquierdo del cerebro procesa más la alegría y el derecho la tristeza.

Los animales se ríen o parecen reírse, incluso frente a situaciones parecidas a las que nos hacen reír a nosotros.

Según Sigman, la tristeza y las emociones negativas serían más primitivas, porque nos ayudan a sobrevivir. “La alegría es una especie de horizonte –afirma–, el lugar hacia dónde ir.”

Richard Layard, miembro de la Cámara de los Lores, en su libro “Happiness. Lessons from a New Science, Penguin Books”, dice que la familia fundada en el matrimonio de siempre aumenta la felicidad. También dice que ahora somos económicamente superiores, pero somos menos felices que en anteriores épocas, en que había menor bienestar material.

Santo Tomás de Aquino da cinco consejos relacionados con la alegría:

Primer consejo: disfrutar de los pequeños placeres o gozos que tiene la vida cotidiana. San Josemaría aconsejaba hacer fácil y agradable la vida a los demás; “la virtud hay que hacerla simpática”.

Segundo: poder llorar y contar mis penas a alguien que me quiere bien.

Tercero: compartir. Cuando mis trabajos, esfuerzos, problemas, preocupaciones no son míos sino que son de varios y estamos unidos, las dificultades en lugar de ser fuente de crispación son fuente de unión, cariño, alegría y diversión. Si un amigo sufre al verme sufrir, entonces comprendo que me ama y eso alegra profundamente.

Cuarto: hacer de verdad oración mental. La contemplación de la verdad es una fuente fortísima de alegría.

Quinto: el dolor se mitiga con el sueño y los baños.