¿De-extinción, resucitación o simplemente una curiosidad científica peligrosa?

En el 25 aniversario del borrador del Genoma Humano. Sus fines y sus logros.
13/05/2025

Por Nicolás Jouve de la Barreda Catedrático Emérito de Genética de la Universidad de Alcalá, Miembro del Observatorio de Bioética. Ex-miembro del Comité de Bioética de España. Publicado en el Observatorio de Bioética de la Universidad Católica de Valencia el 23 de abril de 2025.

Hace apenas una semana salió a la luz uno de esos anuncios con tintes sensacionalistas, mezcla de la fascinación por la ciencia y el deseo de satisfacer deseos inalcanzables. Una empresa denominada Colossal Biosciences, con sede en Dallas (Texas) ha llevado a cabo lo que se pretende sea la de-extinción de una especie de lobo gigante, el Aenocyon dirus. que vivió hasta hace unos 11.500 años en América, desde Centroamérica hasta el norte de Canadá

La pretendida resucitación del lobo gigante americano, se ha llevado a cabo mediante un método de Biología Sintética propuesto hace años por el biólogo molecular George Church (n. 1954), Profesor de la Universidad de Harvard, conocido por sus ideas transhumanistas e implicado en el mundo de la ingeniería genética aplicada a este tipo de finalidades. Church es uno de esos investigadores que persiguen fantasías que ellos mismos se fabrican, que piensan que la ciencia lo puede todo y que no se han de establecer límites al quehacer científico. En su mente se fabulan una serie de ideas a cada cual más discutible, no solo por lo que podría considerarse desatinado, poco ético o peligroso, sino por algo más importante en la tarea de los investigadores, por no plantearse el por qué, el para qué y las consecuencias de sus investigaciones.

Chuch, en su momento pensó resucitar especies extinguidas, como el mamut lanudo, el dodo, e incluso el Homo Neanderthalensis. En este último caso, mediante una aventura consistente en modificar el genoma del Homo sapiens que de acuerdo con investigaciones de paleo-genómica encierra un parecido con el de nuestros parientes extinguidos superior al 99%. Aquello no se hizo y posiblemente no se haga nunca por razones éticas, pero la metodología y las vías para afrontar el reto de devolver a la vida especies extinguidas estaba trazada.

Ahora, bajo aquél impulso, la startup Colossal Biosciences, con laboratorios en Cambridge (Massachusetts) y Melbourne (Australia) se ha propuesto traer de vuelta al mundo ejemplares de especies extinguidas utilizando herramientas de la Biología Sintética con fines más que discutibles, tanto desde la perspectiva científica como ética, detrás de lo cual se entrevén otros fines de carácter económico. La metodología utilizada para la obtención de unos pretendidos ejemplares del lobo gigante se ha denominado de “trasferencia de identidad” y consiste en la inserción de unas regiones del genoma, obtenidas a partir de restos fósiles de aquella especie, en el genoma del lobo gris actual Canis lupus. El ADN del lobo gigante se obtuvo a partir de muestras bien conservadas del genoma extraídas de un colmillo de un ejemplar fósil de hace 13.000 años encontrado en Ohio y de un cráneo de otro ejemplar encontrado en Idaho, de hace 72.000 años. A partir de estas muestras, Ben Lamm, el empresario multimillonario responsable del trabajo, impulsó el ensamblado de un “genoma sintético” introduciendo regiones del genoma del Aenocyon dirus en el del lobo gris Canis lupus, utilizando edición genómica CRISPR, con el apoyo de la bioinformática para la comparación genómica. Tras ello, el genoma sintético fue introducido en células somáticas del lobo actual, a partir de las cuales se llevó a cabo una “transferencia nuclear” somática, sustituyendo el núcleo de un óvulo de una perra actual –el método de clonación que dio lugar al nacimiento de la oveja Dolly- y procediendo a su implantación en el útero de una perra para su gestación.

Antes de continuar hay que señalar que en la síntesis del genoma implantado se han introducido solo unas regiones seleccionadas del genoma de Aenocyon dirus en el de Canis lupus. Supuestamente las regiones seleccionadas están implicadas en caracteres físicos propios del lobo gigante, que han de conferir la fortaleza, musculatura y tamaño de la especie donante. Sin embargo, la mayor parte del genoma sintético diseñado es del lobo gris actual.

De esta forma en el laboratorio de Colossal Biosciences han nacido tres ejemplares que se pretende sean del lobo gigante: dos machos en septiembre de 2024, a los que se puso de nombre ‘Rómulo’ y ‘Remo’, y una hembra en enero de 2025, a la que se ha llamado ‘Khaleesi’. Naturalmente, estos ejemplares de lobo son aun adolescentes y en caso de cruzarse no se sabe si serán o no estériles. También es una incógnita su comportamiento en la naturaleza. De momento se conservan en cautividad en un lugar no divulgado.

Es evidente que no se puede hablar ni de de-extinción ni de resucitación de una especie extinguida. Los ejemplares obtenidos, que gozan de muy buena salud como lo demuestran las imágenes divulgadas, no son genéticamente equivalentes ni a Aenocyon dirus ni a Canis lupus.

Previsibles problemas ecológicos y éticos

Un primer comentario que se puede hacer se refiere a la idea de la resucitación o de-extinción de especies extinguidas. ¿Para qué se desea traer al mundo actual a especies que tuvieron su momento en la historia natural? Es absurdo. Cuando dejaron de existir fue por razones del decaimiento de sus condiciones de adaptación al medio en que vivían. La selección natural hace su trabajo sin posibilidad de vuelta atrás. Las especies extinguidas tuvieron su tiempo y no han de volver.

La genética de la supervivencia es oportunista y no da opción a sobrevivir a las poblaciones de especies que han perdido su capacidad de adaptación en el hábitat en que se encuentran en el momento en que decae su riqueza genética.

Los lobos recreados o las criaturas que se pretendan resucitar, no se corresponden a la especie extinguida. Se trata de criaturas nuevas, moldeadas genómicamente por intenciones humanas más que por selección natural.

Traer a la actualidad ejemplares de aquellas especies cuando las condiciones ecogeográficas son distintas a aquellas que hubiese cuando vivieron no tiene sentido. Pero es que, además, no se trata de ejemplares de especies desaparecidas con el tiempo, sino de unos individuos con unas características genéticas no equivalentes a la de sus pretendidos ancestros. No se conoce las consecuencias de un genoma mixto, cuyo delicado equilibrio funcional puede tener consecuencias en el comportamiento, el desarrollo y la capacidad reproductiva. Es como obtener una especie nueva con genes híbridos entre las especies donantes, una especie de “genoma Frankenstein” que no es fruto de la evolución ni ha sido filtrado por la selección natural para su adaptación a un determinado ambiente.

Como consecuencia, el lobo recreado, bajo el disfraz de lobo gigante, es una criatura de diseño de una especie distinta que ni siquiera sabemos si será fértil. Tampoco sabemos cuál sería su conducta en un ambiente natural actual, ni cuáles serían sus comportamientos instintivos, incluida la relación con el resto de las especies con que conviviesen. En caso de soltarlos en la naturaleza pueden generar problemas en el equilibrio ecológico, con conductas disruptivas en cuanto a la depredación o el desplazamiento de otras especies. En suma, pueden generar un desequilibrio en el ecosistema, afectar a las cadenas tróficas o desplazar a las especies locales.

A todo lo anterior ha de añadirse, que dada la falta de datos sobre su capacidad reproductiva surgen dudas de cuál sería el resultado de un posible cruzamiento con las especies actuales más próximas… en este caso con los lobos grises.

Lo que se ha hecho es un alarde tecnológico de la Biología Sintética, que como producto de las posibilidades experimentales está muy bien, pero que encierra grandes e imprevisibles riesgos.

Sin embargo, los obtentores encierran entre sus objetivos resucitar al mamut lanudo, el tigre de Tasmania, el dodo, el bucardo y quién sabe si el Neanderthal.

Finalmente, hace años, le preguntaron a Georges Church en una entrevista que ¿por qué y para qué queremos resucitar el Neanderthal. Lo más curioso es su respuesta cuando explicó que se trata de crear no uno solo, sino una cohorte de Neandertales, simplemente por curiosidad, para aprender de ellos, para saber cómo pensaban. Tal cual. Como si el comportamiento y la forma de pensar fuese solo cuestión de genes.

Nicolás Jouve de la Barreda
Nicolás Jouve de la Barreda
Catedrático Emérito de Genética de la Universidad de Alcalá. Presidente de CiViCa.