La ciencia nos acerca más a Dios

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Por Nicolás Jouve de la Barreda. Catedrático Emérito de Genética de la Universidad de Alcalá, ex-miembro del Comité de Bioética de España. Publicado en La Buena Noticia” Nº 48: 20-21. Parroquia Nuestra Señora del Rosario. Torrejón de Ardoz. octubre 2024.

Seguramente el descubrimiento científico más importante del siglo XX fue publicado en abril de 1953, cuando la revista Nature publicó la estructura de la “molécula de la vida”, el ADN. Tras ello, la Biología ha ido de sorpresa en sorpresa, al demostrar que se trata de una molécula universal, la misma en toda la escala de los seres vivos, desde el más pequeño al más grande, desde las simples bacterias al mamífero más evolucionado, incluido el hombre. Se trata de una molécula que contiene la información genética, las claves de lo semejante y de lo diferente y que es el hilo conductor de la vida desde sus orígenes. La siguiente gran sorpresa tuvo lugar una década después, y fue el descubrimiento de que el lenguaje de los genes también es universal, el código genético es el mismo en todos los seres vivos. De este modo, el ADN es común a todos, tanto en su estructura filamentosa en forma de doble hélice o escalera de caracol, como en el código que permite que su información se traduzca en las proteínas que conforman la estructura y el funcionamiento de las células. Ello ha hecho posible, por ejemplo, que un gen humano, como el que codifica la insulina funcione perfectamente tras ser incorporado con técnicas de ingeniería genética al genoma de una bacteria, dando lugar a la posibilidad de que los diabéticos cuenten hoy con insulina humana perfecta, sintetizada en biorreactores, como muchos otros fármacos.

Todos los seres vivos de todo tiempo y lugar comparten el ADN y su código de traducción, lo que constituye la mejor prueba del origen monofilético de la vida. Todos provienen de un sencillo microorganismo que ya poseía un genoma de ADN con capacidad de crecer, mutar y evolucionar para dar lugar al impresionante árbol de la vida. Si tenemos en cuenta que la ciencia ha demostrado que la materia y el universo tuvieron su origen mediante un big-bang hace 10.700 millones de años, que la Tierra se consolidó hace 4.400 millones de años y que los microfósiles más antiguos son de hace unos 3.600 millones de años., hay razones para asombrarnos y admirar la gran obra del Creador

¿Son estos conocimientos incompatibles con lo que nos dice el Génesis?, ¿ha derribado la ciencia las raíces de la tradición cristiana sobre el origen de la materia, la luz, las plantas, los animales y el hombre y cuánto existe? En absoluto. Para empezar la Biblia no es un libro de ciencia, sino un tratado de la Revelación con un determinado modo literario adaptado a la cultura de un pueblo y de una época determinada, pero perfectamente compatible con los descubrimientos científicos si nos fijamos en su carácter simbólico más que en la literalidad de sus textos.  El biólogo evolutivo y paleontólogo americano Stephen Jay Gould (1941-2002) sostenía que la ciencia y la religión son magisterios separados pero compatibles. Y así es. La ciencia trata de explicar el cómo de los fenómenos naturales, la religión sus causas últimas, el por qué.

San Agustín (354-430) afirmaba que «Dios creó el mundo con el tiempo y no en el tiempo, de modo que Dios, eterno, queda fuera del tiempo». Algo que no puede rebatir la ciencia, pues en el modelo cosmológico, la ciencia corrobora que la materia, el espacio y el tiempo son indisociables y que con la explosión primordial surgió todo, se originó el universo, el espacio y el tiempo. La ciencia explica cómo a partir de la materia han podido ir surgiendo y evolucionando todas las realidades que nos rodean, aunque todavía no haya podido explicar entre otras cosas el salto a la vida a partir de la materia inanimada. El tiempo forma parte inseparable de la historia del universo y nace justo con la creación, mientras que la evolución de los seres vivos es algo que, hasta donde sabemos, tiene lugar solo en nuestro planeta en el último tercio del tiempo transcurrido desde el big-bang. No hay por qué negar la posibilidad de llegar a conocer algún día qué debió suceder hasta llegar al origen de los seres vivos, pero cuando eso ocurra, tendremos un eslabón más de un proceso ininterrumpido que llega incluso hasta el hombre, la única especie dotada de inteligencia racional, dueña de sus actos, con capacidad de expresarse, razonar e intercambiar ideas mediante el lenguaje y con un sentido ético de su vida. La ciencia nos explica cómo, pero la razón de ello nos la da la teología… Así, en palabras de Benedicto XVI: «El mundo es la materialización de la idea y del pensamiento primigenio que Dios llevaba dentro de sí y que se convierte en un espacio histórico entre Dios y su criatura» … «Yo no conozco ningún conflicto irreconciliable entre el conocimiento científico sobre la evolución, y la idea de un Dios creador» (Dios y el mundo. Galaxia Gutenberg, Barcelona 2002

Para terminar, querido lector, un par de recomendaciones de lectura. En primer lugar, el libro «Cómo habla Dios» ( Ed. Planeta, 2016, Barcelona), del biólogo molecular Francis Collins, director del gran Proyecto Genoma Humano. Collins confiesa su agnosticismo hasta los 27 años y cómo el descubrimiento del genoma humano le permitió vislumbrar el trabajo de Dios en la naturaleza. Afirma que cuando das un paso adelante en el avance científico es un momento de alegría intelectual, pero también en que siente la cercanía del Creador, en el sentido de llegar a conocer algo que ningún humano sabía antes, pero que Dios conocía desde siempre. Por ello afirma: «muchos científicos no saben lo que se pierden al no explorar sus sentimientos espirituales»«Yo no conozco ningún conflicto irreconciliable entre el conocimiento científico sobre la evolución, y la idea de un Dios creador»

La segunda recomendación es la lectura del libro «Nuevas evidencias científicas de la existencia de Dios» (Roca Editorial de Libros, 2024, Madrid) de José Carlos González Hurtado, Presidente de EWTN España y consultor de grandes compañías tecnológicas mundiales. Escrito con un estilo divulgativo y agradable, no deja ningún rincón de la ciencia más actual sin explicar y por qué nos acerca necesariamente a Dios, como lo demuestran las creencias religiosas de la gran mayoría de los científicos más relevantes de todas las ramas de la ciencia.

Nicolás Jouve de la Barreda
Nicolás Jouve de la Barreda
Catedrático Emérito de Genética de la Universidad de Alcalá. Presidente de CiViCa.