Mar y plástico. ¿Vida en peligro?

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Por José Manuel Belmonte (Dr. en Ciencias Humanas por la Universidad de Estrasburgo, miembro de CiViCa)

Dicen los científicos que en nuestro sistema solar, la Tierra y Marte son los únicos planetas rocosos. Aunque vista desde el espacio, la Tierra parece un planeta líquido. De hecho si se analizara la superficie del planeta, tendríamos que el 71% es agua, frente al 29% que sería la masa continental.

Por José Manuel Belmonte (Dr. en Ciencias Humanas por la Universidad de Estrasburgo, miembro de CiViCa)

Dicen los científicos que en nuestro sistema solar, la Tierra y Marte son los únicos planetas rocosos. Aunque vista desde el espacio, la Tierra parece un planeta líquido. De hecho si se analizara la superficie del planeta, tendríamos que el 71% es agua, frente al 29% que sería la masa continental.

Pero si se juntara ese 71% de agua  y se incluyera el agua dulce de ríos, lagos, y la masa de agua helada, apenas representaría un 0,02% de la masa total del planeta. De ahí que sea correcto llamar  Tierra a nuestro planeta. El agua representaría un volumen de 1.386 millones de kilómetros cúbicos. Y es la base de la vida y el alimento.

Ese inmenso vaso terráqueo, contiene el principio de vida. Sin embargo el agua no  tiene en todas partes la misma temperatura. El calentamiento oceánico afecta en particular a las aguas superficiales más cálidas, donde empieza el milagro de la vida. El encuentro entre la luz y el agua necesita la clorofila del fitoplancton marino para la fotosíntesis. Ese verdor es el que sustenta toda la «cadena trófica». Es decir, ahí se produce el proceso de transferencia de energía alimenticia a través de una serie de organismos, en el que cada uno se alimenta del precedente y es alimento del siguiente.

Según un estudio publicado en Science Advance, el calentamiento de esa capa no ha cesado desde los 80 y la producción de clorofila y la capa de plancton tampoco ha cesado de disminuir. Además, tanto las aguas superficiales como las profundas contienen un elemento contaminante que lo daña todo: el plástico.

El plástico que contamina y mata.

Alguien ha dividido la historia de la Humanidad en Edad de Piedra, Edad de los Metales y la Edad del Plástico, en la que nos encontramos.

Sigue siendo verdad que una imagen vale más que 1000 palabras. El fotógrafo tinerfeño Francis Pérez, que ha ganado hace unos días el premio World Press Photo en la categoría de Naturaleza con una instantánea de una tortuga boba tomada en su isla, ha agradecido el respaldo que ha recibido su “foto denuncia”. Las redes abandonadas son un peligro.

 “Espero que enseñemos esta fotografía en grandes dimensiones porque muestra el problema del impacto del ser humano en la vida marina”, dijo en Amsterdam a Efe el director de World Presss Photo, Lars Boering, sobre la foto de Francis Pérez.

Los plásticos son útiles y poco costosos. Al ser desechados y arrojados al vertedero, mal reciclados, se degradan y dispersan por tierras y campos pero acaban en el mar. La fragmentación y dispersión global del plástico en el medio ambiente comienza en seguida. En partículas cada vez más pequeñas, puede ser transportado a grandes distancias por el viento y los ríos.

Se calcula que cada año, cerca de 14 millones de toneladas métricas de plástico terminan en el océano. Aves, animales y peces entran en contacto con el plástico. Se convierte, unas veces, en trampas en las que quedan atrapados y otras, ingeridos accidentalmente, termina en su vientre. Pueden morir, pues su estómago no está preparado para digerirlo.

Los albatros son particularmente vulnerables porque se alimentan de huevos de peces voladores, que están pegados a objetos flotantes que en la actualidad son mayormente trozos de plástico.
Las tortugas suelen ser víctimas de las bolsas o estructuras de plástico, porque, cuando están bajo el agua, son muy fáciles de confundir con medusas.

El plástico absorbe las toxinas del agua. Aunque sea en pequeñas partículas,  siguen siendo no biodegradables y tóxicas.Los seres microscópicos que componen el plancton marino comen microplásticos, al igual que animales filtrantes como los mejillones. Y de una forma u otra,  más de 300 especies de animales, peces y aves, lo ingieren, y a su vez terminan en el estómago de los seres humanos. «La ciencia apenas está comenzando a estudiar este fenómeno, y poco se sabe de su impacto en la salud de los animales y las persona».
Se calcula que al ritmo actual, en una década, habrá un kilo de plástico por cada 3 de pescado. Lo que no es de extrañar si -en el mar-  por cada milla cuadrada hay 100 millones de toneladas de plástico (contando los fragmentos en suspensión de menos de 4mm),  que tienen la propiedad de atraer componentes aceitosos (hidrofóbicos) del agua de mar.

Incluso las playas de todo el mundo, incluida la Antártida están contaminadas y el plástico( además del visible a simple vista) compite con la arena. Ya se están formando playas de plástico, como Kamilo Beach, al sur de Hawaii. No se habla de esta contaminación en las playas, mientras… se reparten banderas de limpieza.

Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud y la UNEP han declarado conjuntamente que la disrupción endocrina (uno de los efectos del plástico) es una crisis global. Por eso un grupo de 10 científicos ha solicitado que los gobiernos declaren el plástico como residuo peligroso.

Si no se hace algo y pronto, nuestros hijos y nietos no conocerán un mar sin plástico. Y de todos modos, se halla en toda la columna de agua e incluso en el sedimento, del fondo.

El proyecto de un joven para salvar los mares.

Como el mar está en movimiento y hay poderosas corrientes, cualquier intento de limpiar el plástico del mar, parece condenado al fracaso. Hasta ahora es un desafío casi imposible para todos y poco más se ha hecho que, recomendar el reciclaje.

Se calcula que de las 288 millones de toneladas que se producen al año, el 10% van a parar a los océanos. La mayoría -el 80%- viene de los desechos que se producen en tierra y de ahí llegan a los ríos  o al viento, hasta que finalmente alcanzan el mar.

Se sabe -como dato previo, que las corrientes marinas arrastran los plásticos, y que se congregan en cinco sistemas conocidos como remolinos, en los principales océanos. El más famoso es «Gran mancha de basura del Pacífico», localizado entre Hawái y California.

Boyan Slat, tiene 22 años, natural de Delft en Holanda y desde que descubrió buceando en Grecia la suciedad del mar :»Vi más bolsas plásticas que peces», tiene un propósito y una obsesión: limpiarlo. Este estudiante de Ingeniería Aeronáutica decidió centrar sus esfuerzos y su talento en el diseño de un proyecto que beneficiará a toda la humanidad.

Al preguntarse «¿por qué en vez de tratar de perseguir los desechos no aprovechamos las fuerzas de las corrientes y hacemos que vengan hacia nosotros?» buscó la solución.

Desarrolló la idea en un proyecto científico escolar: aprovechar el movimiento para encerrar la basura flotante para poderla sacar. El plástico se movería a lo largo de unas barreras hacia una plataforma, desde donde se le podría extraer fácilmente.

Con 17 años, presentó su innovador proyecto -en 2012- para limpiar los océanos. Ha perfeccionado el invento y fundado una ONG cuyo nombre es Ocean Cleannup (Limpiar el Océano). Publicó una charla en YouTube, que no suscitó entonces mucho interés.

Para ello intenta aprovechar  la innovación tecnológica y eliminar el plástico que flota en el mar a cualquier profundidad y servirse de las corrientes marinas.  Su idea es crear grandes barreras flotantes en forma de V de hasta 100km de longitud. Estarían ancladas al fondo o hasta 4.000 metros de profundidad. Así capturarían los residuos de plástico que las corrientes empujarían hacia el centro de la V. Ahí se almacenarían en torres flotantes. Y luego recogidas por barcos que las trasladarían a plantas de reciclaje en tierra.

En 2013 comenzó a recibir respuestas de todo el mundo a su charla. Recibió miles de e-mails y cientos de peticiones de medios de comunicación además de ofertas económicas. Ciertamente también le llovieron críticas de ingeniería y oceanografía y le dijeron que eso no iba a funcionar, porque el océano destruye todo, antes o después. «Creo que es una tontería concentrarse en metodologías para sacar el plástico de los océanos cuando en realidad deberíamos evitar que lleguen hasta allí», dice Richard Thompson, de la Universidad de Plymouth.

Para hacer frente a las críticas, Slat elaboró un informe de viabilidad de 530 páginas en 2014. Su investigación, que realizó de forma conjunta con más de 70 ingenieros y científicos, está basada en pruebas extensas y modelos de simulación por computadora.

En 2015 el proyecto Ocean Cleannup se alzó como uno de los 25 mejores inventos, según la revista Time. Además, al Gobierno holandés le pareció interesante y útil. Donó 500.000 euros para ayudar a su financiación.  El coste del proyecto es enorme, pero por algo comenzaba, y señalaba el camino. De hecho Slat  fue el ganador más joven del premio global de medioambiente de Naciones Unidas.  Le ha sido concedido también el premio Campeones de la Tierra.

En 2016 probó a pequeña escala, en el Mar del Norte, un prototipo de su proyecto.

Slat dedica casi 15 horas diarias a su Ocean Cleanup, aunque afirma que el dinero no le importa ya que lo que quiere es que su sueño se convierta en realidad.

El y su equipo plurinacional siguen trabajando incansablemente en su planta de Delft, la ciudad del corazón azul. El dinero para el proyecto ha venido de empresas y particulares. El proyecto le absorbe todo el tiempo. No ha podido terminar su carrera, pero dirige a su equipo multidisciplinar donde todos se comunican en ingles.

Han realizado mapas para evaluar la posición exacta de la mayor parte de basura. También han  realizado estudios desde el aire que les permiten ver hasta una profundidad de 80 metros bajo la superficie, para analizar cuanto plástico puede haber a esa profundidad.

Con 30 barcos de vela en 30 días, recogieron más toneladas de plástico que todo lo recolectado en los últimos 40 años.

El proyecto promete.  Boyan Slat, acaba de ser nombrado «Europeo del Año» siendo el ganador número 22 de ese reconocimiento único de Selecciones  Reader´s Digest (febrero).

Y, si todo sale como está previsto, a partir de 2018 la primera formación de V completa puede estar en el mar. El equipo de Slat podría realizar la construcción de las barreras flotantes de la plataforma, bien en el Atlántico Norte o en el Pacífico Norte.

Como en cualquier invento, no suelen dar muchas pistas. Si además de Ocean Cleanup alguien más puede limpiar los mares, mejor que mejor. «Si quieres hacer algo, tienes que hacerlo lo más pronto posible». Lo importante es que alguien lo haga y lo antes posible.

Se necesitan fotos y videos que denuncien y alerten del peligro, y sobre todo proyectos con talento que demuestren al mundo que lo que parece imposible, no lo es.

BELMONTE
BELMONTE
Dr. en Ciencias Humanas por la Universidad de Estrasburgo, miembro de CíViCa