Genes en el trigal. El genoma del trigo ha de permitir los avances necesarios porque persisten problemas de hambre en el mundo.

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Por Cesar Nombela Cano, Rector de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, Catedrático de Microbiología de la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense. Socio de Honor de CiViCa. Publicado en ABC.es el 5 de Noviembre de 2017

Dos décadas de esfuerzos de más de 2.000 expertos acaban culminar un nuevo hito del fascinante capítulo de la secuenciación de genomas. Se trata de la lectura del genoma del trigo utilizando la especie Triticum aestivum. Un inmenso trigal, en el que identificar pequeñas discontinuidades requeriría cuidadosa observación, sirve de metáfora de lo que supone el genoma del cereal que alumbró civilizaciones en la historia de la humanidad. Cada célula de este vegetal es portadora de dos copias de los 21 cromosomas, el genoma del trigo es 5 a 6 veces más grande que el humano, con lo que fue necesario leer un lenguaje de más de 15.000 millones de letras. El 80% de las secuencias génicas son repetitivas. Con ello, el esfuerzo habitual para ensamblar el genoma completo, a partir de la secuencia de fragmentos del mismo, requirió en este caso técnicas especiales. Interpretar ese texto genético, descubriendo dónde empieza y termina cada gen y cómo se regula su funcionamiento, es ya objetivo más alcanzable.

El norteamericano Norman Borlaug, Nobel de la Paz en 1970, dedicó su vida a la mejora de la planta del trigo; con la metodología clásica de mejora vegetal se materializó una verdadera revolución verde que alivió del hambre a una buena parte de la humanidad. Pero, a día de hoy, cuando 2.000 millones de almas dependemos del trigo para el aporte de un 20% de toda la energía alimentaria que necesitamos para vivir, se echan de menos nuevas y necesarias mejoras en la productividad de estos cultivos. Los avances en la productividad de este grano son menores que los de otros como el maíz. Además, emergen nuevos patógenos que pueden amenazar la cosechas globalmente. Otras situaciones de estrés previsibles, como la sequía o el incremento de la temperatura constituyen nuevas amenazas. El genoma del trigo ha de permitir los nuevos avances necesarios porque persisten problemas de hambre en el mundo.