El poder de destruir o la ocasión de ayudar.

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Por José Manuel Belmonte, Dr. En Ciencias Humanas por la Universidad de Estrasburgo, miembro de CiViCa. Publicado en Esperando la Luz el 9 de abril de 2022.

«El hombre es una criatura dotada de tal ración de agresividad, que le sería fácil exterminarse», escribía el médico austriaco, inventor del psicoanálisis Sigmund  Freud en 1930 en su obra El malestar de la cultura.

Atrás quedaba la terrible experiencia de la Gran Guerra, entre 1914-1918, que dejó más de 8 millones de víctimas militares y 6,6 millones de víctimas civiles.

Con esa agresividad y la dura experiencia de la Primera Guerra Mundial, una persona inquieta y preocupada, como Albert Einstein preguntaba, en 1932, si habría alguna forma de salvar a la humanidad de la amenaza de la guerra.

Freud le respondió: «Una cosa le puedo decir: todo lo que estimula el crecimiento de la civilización, trabaja al mismo tiempo, en contra de la guerra«.

Faltaban solo 7 años para el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, que alteró las relaciones políticas y la estructura social del mundo. Tras la conflagración, las estimaciones de víctimas van entre 50 y 60 millones de personas fallecidas, si bien algunos las elevan hasta más de 100 millones.

Quienes hemos recorrido alguno de los escenarios, hemos visto videos o leído libros de historias (no manipuladas), en algunos de los países contendientes, después de más de 70 años, hoy, seguimos llevando en la memoria, algo de aquello, porque como escribió, Oscar Wilde, «la memoria es el diario que llevamos con nosotros a todas partes».

El mismo Einstein, dejó escrito en unas líneas su «Teoría de la felicidad». Esas líneas fueron escritas en un papel con membrete del Hotel Imperial de Tokio. Y, dada su importancia, fue subastado en Jerusalén en 2017. El papel dice simplemente: «una vida tranquila y modesta trae más alegría que una búsqueda de éxito ligada a un constante descontento«.

Y es que hoy, como hace casi un siglo, puede repetirse aquí, lo que escribió Sigmund Freud:

 El malestar de la cultura.

Alumnos, padres de los mismos, los docentes en general y personas que, sin ser críticas, tienen dos dedos de frente, están más que asombrados, indignados con «los arreglos» que el gobierno piensa hacer en la enseñanza de la Historia, eliminando la Filosofía, y permitiendo que se pase de curso y obtener un título con suspensos. De hecho, «El Gobierno aprueba un nuevo Bachillerato menos exigente y más ideológico» (leer aquí).

Así que, uno de nuestros académicos, Arturo Pérez Reverte, poniendo a cada uno en su sitio, ha escrito: «Ojalá fueran malvados«.  Porque “en los casos más brillantes de maldad, serlo exige una capacidad intelectual de la que los imbéciles comunes carecen. Y éstos a los que me refiero son sólo políticos mediocres sin preparación ni sentido del ridículo. Analfabetos a los que el azar, el esperpento de un país asombroso como es España, sitúan en puestos que les permiten tomar decisiones tan limitadas, tan estólidas, tan miserables como su propia altura.

No es verdad, pese a lo que sostiene gente docta, que haya una conspiración contra las Humanidades: contra la enseñanza de la historia, la filosofía, la literatura, el griego, el latín y todo cuanto supone cimiento cultural de la tres veces milenaria cultura occidental (…) Una y otra vez, el gobierno, o los sucesivos gobiernos, se pasan por el forro de leyes y decretos las advertencias y protestas, no sólo de educadores cualificados, sino de las Academias y otras instituciones vinculadas al cuidado y enseñanza de las Humanidades. La contradicción es que, mientras los responsables del disparate sostienen que los alumnos de bachillerato deben acabar capacitados para interrogar el mundo de modo crítico, les niegan al mismo tiempo la panoplia de herramientas defensivas, los conocimientos básicos para entender el desarrollo y antecedentes de la sociedad en que viven; con el detalle siniestro de que, al hurtar los hechos, además del pensamiento y la cronología necesarios para situarlos –estudiar fechas es educación fascista, han llegado a decir–, los dejan inermes frente al revisionismo histórico, la manipulación partidista, demagógica y populista de un pasado sin el que es imposible entender el presente. (leer aquí)

La invasión de Ucrania

Sobre Ucrania y la invasión sabemos poco, aunque las desavenencias han sido históricas y llevan muchos años.  Hay memoria de acontecimientos más allá de este siglo.

Recordemos que, según Oscar Wilde, el diario que llevamos con nosotros es, la memoria. Y para los expertos, la memoria autobiográfica tiene dos funciones: una personal y otra social.

Por la función personal, «la selección que hacemos de los recuerdos, modula nuestro estado de ánimo, estimulando emociones agradables o desagradables…y moldean el concepto que tenemos de nosotros mismos».

Gracias al aspecto social, «el significado que damos a las reminiscencias, determinan una parte importante de nuestra disposición hacia los demás, nos ayuda a dar significado a nuestra vida en el contexto del mundo que nos rodea» (L. Rojas Marcos, en La fuerza del optimismo).

Por esta ventana salimos al mundo y por ella nos llega lo que pasa ahí fuera. De algún modo, nada nos es ajeno ya que nuestra biología y nuestra cultura modelan nuestra manera de percibir y entender las cosas. Lo que somos y al cristal -o pantalla por el que nos llega la vida-, nos enseñan que cuanto más se valora y se respeta al individuo, las libertades y la cooperación, más se cuestiona la eficacia de las guerras para resolver desavenencias.

No se puede negar lo que sucede, ni cerrar los ojos a la realidad, que los medios nos hacen llegar de las guerras actuales, ni de la invasión de Ucrania.  De camino o esperando, en Bucha había civiles, y en la estación Kramatorsk había muchas personas en el momento del ataque, la mayoría de ellas niños, mujeres y ancianos. El horror es denunciable. ¡Hay responsables!

Como dice Amnistía Internacional: «Los asesinatos deliberados de civiles, la violación, la tortura y el trato inhumano de los prisioneros de guerra son violaciones de los Derechos Humanos y crímenes de guerra. Quienes cometen directamente crímenes de guerra deben ser penalmente responsables de ellos. Según la doctrina de la responsabilidad del mando, los superiores jerárquicos, incluidos los comandantes y líderes civiles, como ministros y jefes de estado, que sabían o tenían motivos para saber de los crímenes de guerra cometidos por sus fuerzas, pero no intentaron detenerlos ni castigar a los responsables, también debe ser considerados penalmente responsables».

La ocasión de ayudar

Aunque sea paradójico, la solidaridad humana se pone de manifiesto, especialmente, en las tragedias. Tampoco se pueden cerrar los ojos, ante los millones de desplazados. La acogida ha sido admirable, y tendrá que incrementarse aún. Hay héroes, en casa, incluso jóvenes. Son capaces de esconder su miedo, para ayudar a otros; como el soldado ucraniano que consuela y ayuda a los supervivientes del hospital de maternidad de Mariúpol.

Entre los  extranjeros, que están desde el principio allí y, se enfrenta como puede y sabe al poder de la destrucción, se encuentra nuestro gran José Andrés, y su ONG World Central  Kitchen Se multiplica y multiplica los alimentos para llevar de comer, tanto en la frontera a los que huyen del país, como en el interior, en Bucha. Puede verse a nuestro héroe con casco y chaleco antibalas, repartiendo comida a la población. El Chef asturiano más internacional con su ONG ha escogido la solución más humana, social, cercana y efectiva. Algunos políticos habrán ayudado con sus ideas o propuestas, a la solución de la crisis, pero dudo que la población civil ucraniana les haya valorado tanto como lo que viene haciendo el español día tras día, desde finales de febrero. Propongo pues, que cuando cesen las hostilidades, se valore el compromiso humano de José Andrés, con un reconocimiento internacional.

El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, viene repitiendo por videoconferencia en diversos foros internacionales, y en la misma ONU, que no pueden quedar impunes los crímenes de guerra de Putin y Rusia, en Bucha y otras ciudades.

El 5 de abril ha comparecido por videoconferencia ante el Congreso de los Diputados de España.  Es como si nos trasladáramos a guerras pasadas. «Aunque estemos en 2022 parece que estuviéramos en 1937«,

La verdad es la primera víctima de toda guerra, pero la guerra de Rusia contra Ucrania, (con ayudas directas o encubiertas, con armas o sanciones, intentos de acuerdos o armisticios), se debe mejorar o puede irse al desastre de una III Guerra Global.

Para el asesor de la Presidencia ucraniana, Oleksiy Arestóvich, «Todo lo que acordemos debe ser mejor que lo que había antes de la guerra. Si no, ¿de qué habrían servido las víctimas que ha sufrido el pueblo ucraniano?«.

Rusia que no ha dudado en bombardear objetivos civiles, si traspasa la línea de emplear armamento nuclear, la III Guerra Mundial, sería inevitable, ¿y final?

Creo que todos esperamos que no llegue a usar esas armas. La potencia destructora de las mismas, que los «humanos» ya tenemos, sería suficiente para aniquilarnos. Al poner la tecnología de destrucción por encima de la supervivencia humana nos deja vendidos y al albur o el azar de cualquier psicópata, capaz de dar una orden o apretar un botón.

Hay que revertir esa posibilidad, porque «la peor calamidad es tolerable si uno cree que pasará» escribió, en 1976, Bruno Beettelheim, en Sobrevivir. Pero, mientras la tecnología sobrepase a la humanidad, el Planeta y nuestro futuro, estarán vendidos a un loco o a un idiota.

Si alguien lo duda, que vuelva a escuchar a Freddy Vega, creador de la plataforma de educación Platzi, para quien «la tecnología tiene el poder de elevar a las personas», o  convertirse en  la peor arma.

No olvidemos que el temible misil nuclear ruso “Satán”, que Putin mostro en su momento, podría impactar en 10 objetivos diferentes. Y que el Satán 2, podría destruir Francia entera, pues su potencia es 2.000 veces mayor que la de Hiroshima. El «nombre» escogido, ¡tiene tela!

¡Solo la paz, aparentemente más frágil, ha demostrado tener más alcance y más adeptos!  ¡Satán puede horrorizar, pero no vencer!

 

BELMONTE
BELMONTE
Dr. en Ciencias Humanas por la Universidad de Estrasburgo, miembro de CíViCa