Ser y actuar. El dilema no existe.

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Por José Manuel Belmonte, Dr. En Ciencias Humanas por la Universidad de Estrasburgo, miembro de CiViCa. Publicado en su blog Esperando la luz el 16 de septiembre de 2019.

Dice el comunicador Sergi Torres, impulsor de una nueva consciencia personal, que algunas personas se encuentran en medio de un dilema entre dos opciones. La opción de vivir la vida tal y como es, dando la bienvenida a todo lo que sucede, o la de ponerse manos a la obra para hacer que sucedan las cosas que uno quiere que sucedan” (en el capítulo sobre “La Ley de la atracción“, en su libro ¿Me acompañas?).       

Personalmente creo que no hay tal dilema.  ¿Hay que aceptar todo lo que suceda, nos llegue, o nos impongan -porque todo está bien-, o se puede tomar parte activa y responsable en la vida? No se trata de cambiar nada ni a nadie. Se trata de ser.  Mejor, se trata de actuar como si ya uno fuera la persona que quiere ser. Cada cual es el impulso que debe consumarse.

Se puede aceptar que todo es perfecto, y por lo tanto “la persona realizada pierde el hábito de desear y es ahí cuando nace el hábito de agradecer“, dice Sergi. Perfecto. Pero no todo está acabado. Nosotros mismos somos perfectos, pero somos seres vivos que estamos en crecimiento, aquí y ahora.

Ciertamente, “nuestro cuerpo es polvo de estrellas” y los minerales de los que se compone nuestro cuerpo proceden de los que existen en la Tierra, que es una mota en el infinito universo; pero la vida es vida, es espíritu infinito y eterno. “Todo ocurre simultáneamente, donde todo es unidad, donde tu conciencia corporal se convierte en estelar y tu conciencia personal en un universo“, pero aquí y ahora, el ser que soy es infinito, vivo e inmortal.

No es suficiente contemplar lo que hay, sin hacer nada. No es egoísmo querer colaborar en mejorar, en lo que se pueda, el entorno ecológico, humano y socio-económico. Estar vivo es convivir y no es en absoluto pasivo, para dejar todo como está. El hambre, la ignorancia, las enfermedades, hay que descubrirlas, mirarles a la cara y hacer que desaparezcan. La paz, no es una realidad pasiva, es un esfuerzo y un compromiso activo, cada día. La vida misma y la felicidad, también. Ser aquí, no es una asignatura, es descubrir el manantial de la vida, en la batalla diaria.

En la acción, se pasa del ser al actuar y del convivir al ser. Así se descubre la grandeza de recibir cuando se da. También se percibe que no hace falta tener para dar, porque lo importante es el ser que es todo y con todos. Cuando sabemos quiénes somos, sabemos que somos vida y la vida es plenitud, acción interior y exterior; cuanto más profundo más eficaz, menos coleccionista de cosas. No es tener, es elegir lo que se quiere ser.

No es totalmente cierto que la segunda opción, es decir “actuar”, sea una incoherencia, porque no es un deseo de controlar nada ni a nadie, sino de colaborar en el progreso. No somos astros, por ello, más que brillar, es preferible iluminar a quien con nosotros camina.

La consciencia personal que es una y universal, abundancia y plenitud, es cierta, pero no excluye nada, ni a nadie. No hay incoherencia en respetarlo todo y poner las capacidades y talentos a trabajar y colaborar dando lo mejor, para que la plenitud, la paz y la abundancia llegue a todos, especialmente a los más débiles y desfavorecidos. No hace falta atraer para tener algo que nos falta, sino descubrir que lo tenemos todo en plenitud para repartirlo y crecer, nosotros y todos. La Vida nos lo pone generosamente en las manos para convivir. La vida se nutre con vida.

Lo importante es no convertir el silencio en pasividad “en un obstáculo dentro de ese flujo infinito y eterno de consciencia feliz“. La vida es activa, despierta, colaboradora y solidaria para remover obstáculos y construir un futuro en paz. Los talentos, se desarrollan en acción, por y para los demás. (Inteligencia, inventos, profesiones, están para contribuir al progreso que mejora la vida de todos). Nada se logra con un simple deseo desde el sofá.

No se trata de juzgar, ni de hacer suposiciones de “bueno o malo”. Ni tampoco cerrar los ojos a lo que sucede, sentarse cómodamente a aceptar lo que hay o intentan imponer. El progreso se ha cimentado históricamente en la inteligencia y en el trabajo. Se necesita de todo y de todos para hacer un mundo. La colaboración de los profesionales y de los conciudadanos de a pie, es imprescindible. Ciertos efectos, pueden repercutir negativamente en los demás humanos y en la Naturaleza (armas, plásticos, drogas, enfermedades, desastres, etc.) pero no es mejor callar o no hacer nada.

La consciencia personal y la acción personal no solo tiene una dimensión interior, también tiene un sentido colectivo. Cada uno, tiene su espacio, su propósito vital y su razón de ser. En el árbol de la vida, las raíces y las hojas, las ramas y sus funciones son distintas, pero no desconectadas. Las hierbas, las flores, los árboles que crecen en las riberas y los que crecen en la alta montaña son diferentes, pero todos necesarios. Hay que moverse, no sentarse a contemplar las nubes.

Contemplar es importante, actuar es estar vivo y sentir el impulso de crecer. Dice sabiamente una amiga sevillana, Manuela Fernández, “lo que sucede conviene, lo que no sucede también”.  Y añado: “también lo que hacemos que suceda”, aunque a veces los resultados no sean los esperados [ver enlace].

Ante los desastres medioambientales y ecológicos, Paul Kingsnorth ha dicho: “Los mundos siempre se están acabando, los imperios siempre están derrumbándose, no es la primera vez que el clima cambia; el cambio es, al fin y al cabo, la única constante”. Pero no deja de ser verdad, que “el cambio climático es la mayor crisis a la que la Humanidad se ha tenido que enfrentar“, y por lo tanto… no está preparada. Eso no implica no hacer nada. Hay que actuar, atender, colaborar, mejor hoy que mañana. Y para mayor eficacia, juntos o “en compañía”. Y así, contra los desastres, contra el hambre, contra la ignorancia, contra la injusticia o la enfermedad.

¿Se imagina que ante un desastre natural, una desgracia colectiva, la contaminación creciente, la enfermedad, la gente se cruce de brazos, no ayude ni haga nada porque así es feliz? ¿No viviríamos aún en la prehistoria o antes de la rueda y del fuego? ¡Todas las conquistas nos han traído hasta aquí! Reconocerlo es una antorcha encendida con la que ver el hoy y debemos entregar a nuestros hijos.

Algún día podremos llegar a saber que las oportunidades no son casualidades que ocurren, sino retos que creamos. Ser importa, porque la vida importa. Se lucha por la vida porque los seres nos importan, de principio a fin.

En Francia, la gente se ha movilizado, antes siquiera de que se conozcan los detalles de una “reforma histórica de las pensiones” que pretende “unificar” más de cuarenta sistemas de pensiones. El viernes 13, han provocado más de 300 kilómetros de atascos. Es un aviso a Macron. En España, se conoce la necesidad de la reforma, pero, llevan legislaturas sin que los partidos y el Parlamento se enfrenten a este “tema”.

Cierto que “se ha demostrado que (rebelión, protesta, manifestación)… no funciona y que ese discurso tiene que ser actualizado”.   Pero no es, como a veces se nos vende, “un problema simple”.  Si “queremos que la situación cambie, pero no queremos cambiar nuestro estilo de vida“, nada va a cambia [ver enlace].

El reto de actuar es la sabiduría del ser, demostrar que se está vivo.

BELMONTE
BELMONTE
Dr. en Ciencias Humanas por la Universidad de Estrasburgo, miembro de CíViCa