Reforestar para regenerar y renacer

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Por José Manuel Belmonte, Dr. En Ciencias Humanas por la Universidad de Estrasburgo, miembro de CiViCa. Publicado en Esperando la Luz el 18 de septiembre de 2022.

Gracias a una amiga belga conocí hace tiempo la impresionante aventura de Sebastiao Salgado y Lélia Wanick, pareja brasileña emprendedora, que después de recorrer el mundo, se empeñaron en revertir la situación de su finca en Minas Gerais (Brasil).

Sebastiao había recorrido muchos países haciendo fotoperiodismo para agencias como Gamma, luego Magnum, hasta crear en Paris, su propia agencia Amazonas Images en 1994. Generalmente trabajaba con fotos en blanco y negro, muy cuidadas.

Con todo ese material, su esposa preparaba los proyectos y ediciones fotográficas para exposiciones y libros de fotos.

Después de ver sus exposiciones, algunos le consideran el mejor fotógrafo de comienzos del siglo XXI.

Aunque tiene la titulación universitaria de economista, su pasión es la fotografía. Desde el Sahel hasta la Antártida, desde guerras como la de Ruanda, y los éxodos voluntarios o forzosos, para huir o mejorar, ha sido incansable. Su mirada documenta la vida, la naturaleza, la ecología y la miseria de hombres y mujeres. A veces le parece ver la historia pasar en segundos ante su cámara y la atrapa.

Entre los numerosos premios recibidos, en junio de 2007, recibió en España, el Premio Príncipe de Asturias de las Artes. Luego pudo realizar una exposición antológica sobre sus trabajos, y también fue premiada.

Sus fotos, en parte, son fruto de un trabajo de aprendizaje y convivencia por los distintos continentes. Esa aventura de documentación de Sebastiao Salgado fue llevada a la Gran Pantalla, con el título La Sal de la tierra, en 2014. Bien recibida por el público, llegó a ser nominada al Oscar al mejor Documental. De su trabajo fotográfico dice: «es de alguien que escribe o reescribe la historia de la humanidad con luces y sombras, o simplemente alguien que dibuja con la luz». Para él las personas son La sal de la tierra.

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Posiblemente Génesis, es el resultado de ocho años por distintos países, para redescubrir montañas, desiertos, océanos, animales y pueblos que han eludido la impronta de la sociedad moderna. Pudo verse, aquí en la calle de Córdoba, en 2015.

Los desastres medioambientales, sequía, fuegos, vertidos, deforestación, hambre, etc., mejor «en compañía» que solos, si se busca la eficacia.  Unas veces se palpa al viajar, otras se intuye la mayor crisis a la que la Humanidad se ha tenido que enfrentar,  el cambio climático. Eso requiere actuar con prontitud.

Sebastiao Salgado, después de documentar la dura y bella realidad de la vida en lugares difíciles, en guerras como el genocidio en Ruanda, atravesaba un momento muy delicado ya que se encontraba exhausto física y emocionalmente. Fue entonces cuando la pareja decidió volver a su antigua finca en Btasil.

Aunque tenían su residencia en Paris y la doble nacionalidad brasileña y francesa, la pareja Sebastiao-Léila, decidió visitar -en los 90- la zona familiar en Aimorés, que solía estar cubierta de bosque. El abuelo había enfermado y sus padres habían regresado a la hacienda familiar donde se había criado. Pero lo que allí encontró no fue el lugar que recordaba de su niñez sino una tierra seca y devastada.

Con la sequía y la deforestación, incontables especies de plantas y animales habían perdido su hábitat. En el paisaje ni árboles, ni flores, ni pájaros, ni animales había. Habían muerto o se habían ido.

El fotógrafo comentó: «la tierra estaba tan enferma como yo… todo destruido. Solo un 0,5% de la zona tenía aún árboles».

Creo que es importante dar a conocer ese aspecto de su historia y su experiencia. ¿Razones? ¡Por supuesto! Por citar algunas, señalaría tres.

1) Porque desde 1990, según La FAO (Agencia de Naciones Unidas que lidera el esfuerzo internacional para poner fin al hambre), 129 millones de hectáreas de bosque se han perdido para siempre, (el equivalente al tamaño de Sudáfrica).

2) Porque cada año se pierde un área de terreno del tamaño de Panamá (una extensión de 75 517 km²). No basta hablar del cambio climático sin hacer nada.

3) Porque en lo que va de año en España, se han arrasado 300.000 hectáreas (por los incendios) .

La deforestación, si la gente se va o faltan ideas, va a más. Lo que hizo la familia Salgado, fue mucho más que cruzarse de brazos. La chispa fue: «Entonces mi esposa Lélia, tuvo la fabulosa idea de replantar el bosque, y eso comenzamos a hacer».

Planificarlo todo casi desde cero, fue el gran reto. Se necesitan semillas y/o plantas, dinero, un equipo, una dirección, mucho trabajo y constancia. «Solo hay un ser que transforma el CO2 en oxígeno, y es el árbol. Hay que replantar los bosques con árboles nativos, y recoger las semillas en la misma región en las que las vas a plantar, o no vendrán ciertos animales. Si plantas árboles que no son de la zona, la fauna no viene y hay silencio«.

Así que, con preparación universitaria, cansados de viajar, tomaron la decisión que Lélia sugirió: «reforestar«. Lo necesitaban todo. Así que, fundaron el Instituto Terra para formar a un grupo de gente, para recoger semillas autóctonas, cuidarlas, y escoger el lugar adecuado para que pudieran enraizar y florecer al ser plantadas. Al frente del Instituto Terra quedaba su mujer Lélia.

Estuvieron apoyándose mutuamente desde el principio y con trabajo constante, y paciencia, fueron aumentando el vivero, En ningún libro encontraron cómo replantar una Selva Atlántica. De las 400 especies que se encuentran en la Mata Atlántica plantaron unas 150 y perdieron el 60%. En la segunda plantación perdieron el 40%. No se rindieron. Llegaron a conseguir más de cuatro millones de plántulas de las especies nativas de la Mata Atlántica de Brasil, cultivadas en un vivero creado en la misma propiedad, conocido como Granja Bulcão. La Granja Bulcão fue declarada Reserva Natural Privada. Con esta experiencia exitosa, el Gobierno creó la figura de Reserva Privada para la Restauración Ambiental (PRER) con el fin de animar a otros ciudadanos a replicar la experiencia.

«En los 10 años siguientes la zona dio un cambio espectacular. En las 2 últimas décadas se han plantado dos millones y medio de esquejes que han dado lugar a 293 especies vegetales en la zona. El reverdecimiento de la zona ha atraído muchas especies animales: anfibios, reptiles, aves y mamíferos. Incluso jaguares. Además, no solo han vuelto los animales … también el agua (ya hay más de 1000 fuentes) y por supuesto una gran diversidad de peces.

Hoy día, hay hectáreas que están en proceso de restauración en el Valle del Río Dulce gracias a sus 130 trabajadores, estudiantes y voluntarios. Se han plantado más de 4 millones de árboles en total. Todas estas personas han salvado una extensión en Brasil equivalente a 600 campos de fútbol gracias a su entusiasmo y su entrega.

Ahora esa tierra ya no es de los Salgado sino que es un Parque Nacional que pertenece a todo el mundo». (https://naturblanch.es/instituto-terra-la-destruccion-de-la-naturaleza-se-puede-revertir/)

Como acabamos de señalar, con el bosque volvieron insectos, aves peces, y añade Sebastíao: «fue un momento muy importante», porque «yo también renací´».

La gente vio crecer poco a poco, apreció el cambio y corrió la voz. Vinieron los periodistas, las televisiones y también los estudiantes llegaron. Por momentos aquello era un Aula Natural, que iba sembrando ideas y deseos de que pudiera hacerse algo parecido en otra parte, de Brasil o del Planeta. El Instituto Terra fue un milagro.

Reforestar, puede llevar a quien lo hace a un momento importante, en el que recobrando la energía, todo y todos, pudieran «renacer».

Me gustaría concluir con dos preguntas: En las 300.000 hectáreas arrasadas por el fuego, en lo que va de año, ¿han elegido al menos algunas de las superficies arrasadas, para arrojar en ellas desde aviones, el helimulching, es decir, una cama de paja para detener o evitar que las cenizas lleguen a los arroyos y ríos, deteniendo hasta en un 90% la erosión de la zona?

ICONA, con los Ministros de Agricultura, ganadería y medio ambiente, con los Consejeros autonómicos cercanos responsables y con habitantes de algún municipio afectado, ¿ha comenzado a pensar en la regeneración de las superficies calcinadas y reforestar, recogiendo semillas o algo parecido a lo que en Brasil hizo la familia Salgado?

Con una respuesta, sabríamos si la sequia y el fuego nos han enseñado algo.

BELMONTE
BELMONTE
Dr. en Ciencias Humanas por la Universidad de Estrasburgo, miembro de CíViCa