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Por José Mª Montiu de Nuix, sacerdote, doctor en filosofía, matemático, socio de CiViCa

Estamos en época de pandemia y de dolor. Pandemia, que, de alguna manera, estamos experimentando todos. Sin embargo, esta realidad es vivida de muchas maneras. Unos la viven de un modo, otros de otro. La gran pregunta es pues cómo vivir en estos tiempos.

Obviamente, resulta muy valioso ver el lado positivo de las cosas. La sola razón basta para hacernos ver que en toda circunstancia que tengamos que vivir hay muchas cosas buenas, bellas, maravillosas. La fe cristiana perfecciona esta mirada haciéndonos ver, toda la realidad, que es buena, desde la maravilla del latido amoroso y paterno de Dios. Ver las cosas desde el lado positivo, y la alegría que ello conlleva, tira hacia arriba. Pero, verlas desde el lado negativo, y su tristeza, empuja hacia abajo.

No por sabido deja de ser de la máxima importancia que es muy distinto vivir la pandemia teniendo un agarradero que encontrándose sin él, al igual que en medio del mar es muy distinto tener una tabla de salvación o no tenerla.

Quienes creen que no hay tal agarradero, no pueden tener evidencia de su inexistencia, pues no cabe tener evidencia de lo falso. Carecer de evidencia puede ser camino para preguntarse: ¿no pudiera ser que lo hubiese? Al mismo tiempo, mientras permanecen en su tan triste error pueden tener la tentación de desesperarse.

La sola razón humana ya nos ofrece un agarradero, pues nos dice que Dios que es creador, que es bueno, que ama, no dejará abandonadas a sus creaturas. Dios es providente, cuida de sus creaturas. Podemos confiar en la Providencia del todopoderoso.

La fe cristiana perfecciona la concepción filosófica de la Providencia divina. No estamos dejados de Dios. Pues, que Cristo Dios haya  sufrido tanto y muerto en la cruz por amor a ti, demuestra claramente que Dios te ama mucho. Basta mirar al crucifijo para darse cuenta de ello. Dios se ocupa de una manera maravillosa de ti. El Padre eterno te ha dado a su Hijo único por amor a ti. Dios es amor, amor infinito. Así pues, ante la penosa situación de la epidemia lo natural es acudir a Él, pedir a Dios, rezarle.

San Agustín y santo Tomás de Aquino han solucionado el problema del mal: Dios no permitiría ningún mal, si de este mal no pudiese seguirse un bien mayor. Dios, como es bondad infinita, no quiere ningún mal. Pero, permite males para que se puedan obtener bienes mayores. En la pandemia nos ofuscaríamos si mirásemos sólo el mal, sin tener en nuestro horizonte que ha de haber algún bien mayor que se puede seguir del mismo, aún si desconocemos cuál es este bien mayor.

También la epidemia del coronavirus puede vivirse con el corazón feliz y contento. Pues, la confianza en Dios es fuente de gratitud, de consuelo, de gozo, de paz, de serenidad, de tranquilidad, de felicidad, de amor, de esperanza. Ser cristiano es vivir en la maravilla. En definitiva, confiemos en Dios, vivamos en la maravilla.