Homofobia (y otras cuestiones).

¿Mi libertad termina donde empieza la del otro?
07/09/2019
Inquieta que no sorprende.
13/09/2019

Por José Luis Velayos, Catedrático Honorario de Anatomía y Neuroanatomía de la Universidad de Navarra. Catedrático Honorario de Neuroanatomía de la USP CEU. Fue Catedrático de Anatomía en la Universidad Autónoma de Madrid. Recibido el 7 de septiembre de 2019.

Las fobias pueden ser numerosas: claustrofobia, agorafobia, fobia a los de otro color, fobia a las culebras, etc., etc.

Se suele utilizar la palabra homofobia en relación al sujeto que se manifiesta (o se supone así) adverso al homosexual; siendo opuesto, y supuestamente agresivo frente al que es (o la que es) homosexual. Fue introducido el término por el psicólogo norteamericano George Weinberg en 1971. Es una palabra compuesta de dos vocablos griegos, ”homo” y “fobia”. Es un término aceptado por la Real Academia de la Lengua Española.

Es un panorama que induce a dividir a los seres humanos en dos tipos de ciudadanos; y llevado el asunto al extremo, parece como si algunos quisiesen establecer una especie de lucha de clases, pero en sentido sexual y con matices políticos.

La homosexualidad es una condición difícilmente justificable en el plano biológico, pues lo sexual está en la Naturaleza como algo ligado estrechamente a la reproducción. Se podría argumentar que hay homosexualidad en la Naturaleza, pero hay que decir que no es frecuente, debido claramente a que su finalidad no es reproductiva.

Por otra parte, un varón homosexual, cerebralmente, pone en marcha en su conducta mecanismos neurales masculinos, aunque se siente y actúe como persona femenina. Algo similar puede decirse de la mujer lesbiana. La Naturaleza actúa dentro de sus parámetros.

Y el placer sexual tiene explicación biológica; por eso, separar el aspecto emocional, sensorial, anímico, de lo que es reproductivo, es artificioso.

Todo lo indicado lleva a inducir que solo haya un matrimonio, el verdadero, sin adjetivos, en que se unen un hombre y una mujer para siempre, y que está ligado a la perpetuación de la especie humana. Esa es la idiosincrasia del matrimonio; otro tipo de uniones (aunque sean plenamente legales) no constituyen matrimonio, pues no tienen tales características.

Y no hay que olvidar que todo ser humano, sea homosexual o no, es digno de respeto, respeto que tiene su sustento en la dignidad de la persona. Tal respeto, sea reprobable o no cualquier tipo de conducta, es el correspondiente a un hijo de Dios. Solo Dios es el que juzga a sus hijos.

Otra idea que se ha inmiscuido en el ambiente es el considerar que el varón, por el hecho de serlo, es por naturaleza maltratador. Incluso judicialmente, en numerosos casos, el hombre tiene las de perder. Cuando se habla de violencia de género, de violencia doméstica, se suele asociar el asunto al varón. Es bien sabido que hay estructuras neurales en el varón que le son propias, que hacen, por ejemplo, que sea más rápido e impulsivo que la mujer, lo que no quiere decir que forzosamente sea violento y maltratador. Por ejemplo, el área preóptica, zona relacionada con la formación de hormonas sexuales, es mayor en el varón; la amígdala cerebral, estructura ligada a las respuestas vegetativas emocionales, es mayor en el varón que en la mujer.

La mujer, en cambio, dispone de estructuras neurales relacionadas con la posibilidad de ser madre, más desarrolladas que en el varón, lo que la hace más acogedora (“maternal”) que el hombre. Ello hace que el posible maltrato provocado por una mujer pueda tener otras características.

La zona posterior del cuerpo calloso, estructura que interconecta los dos hemisferios cerebrales, es mayor en la mujer, lo que le da grandes posibilidades conectivas.

Y por otra parte, los aspectos hormonales son distintos. Por ejemplo, la testosterona, propia de los animales machos, es más abundante en el varón que en la mujer. Y los estrógenos son más abundantes en la mujer.

Todos estos datos biológicos nos hablan de la diversidad de los seres humanos, comprendida la igualdad y similitud de diversas estructuras cerebrales y no cerebrales.

Otra idea en boga es equiparar sexo (concepto biológico) y género (concepto gramatical). La confusión es patente.

Y otra idea que está tomando cuerpo es la que considera legítimo, legal, el abuso de menores, e incluso la práctica del incesto, del animalismo, etc., conductas a todas luces antinaturales, o por lo menos estrambóticas. Esta sería otra forma de homofobia, si la partícula “homo” se toma no en sentido griego, sino latino, es decir, con el significado de “hombre”, ser humano.