Eutanasia y Sedación paliativa II

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Por Roberto Germán Zurriaráin, Doctor en Filosofía. Licenciado en Teología.Profesor de Didáctica de la Religión de la Universidad de La Rioja, publicado en Blog de  Roberto Germán Zurriaráin 24 de marzo de 2018.

La Sociedad Española de Cuidados Paliativos define la sedación paliativa como la disminución del nivel de conciencia del paciente de manera deliberada, una vez obtenido el oportuno consentimiento, mediante la administración de los fármacos indicados y a las dosis proporcionadas, con el objetivo de evitar un sufrimiento insostenible causado por un síntoma o síntomas refractarios.

Con respecto a los tipos de sedación hay que subrayar que la sedación paliativa es distinta de la temporal o transitoria, indicada para un diagnóstico de sufrimiento ocasional que va a revertir.

En cambio, la sedación paliativa es continua, y puede ser superficial o profunda. Esta última no significa que no haya vuelta atrás. No obstante, la que se administra en la agonía será previsiblemente irreversible, porque se le aplica a un paciente cuya muerte se prevé muy próxima. Ahora bien, estos tipos de sedación paliativa no son ni pueden convertirse en la “solución” al “estrés” de la familia o del equipo sanitario.

El proceso de la sedación paliativa debe ser siempre progresivo y tiene que cumplir con dos condiciones principales:

– El incremento de la dosis de los medicamentos debe realizarse poco a poco hasta conseguir disminuir la percepción del síntoma refractario e intolerable para el enfermo.

– Una vez aliviado el sufrimiento, el nivel de sedación ha de ser el menor posible

para mantener el máximo alivio del sufrimiento; es decir, el nivel de sedación (superficial o profunda) tiene que adaptarse de manera proporcionada a la intensidad del sufrimiento del enfermo.

Luego, los médicos deben utilizar la dosis mínima de agentes sedantes necesaria para alcanzar un alivio aceptable del sufrimiento. Ello minimiza el riesgo de eventos adversos y maximiza la posibilidad de mantener una capacidad de interacción con la familia y con los profesionales de los cuidados médicos durante la sedación paliativa. Debe existir un equilibrio entre el nivel de sedación, la eficacia en cuanto al alivio del síntoma pertinente y los efectos adversos derivados del tratamiento, incluyendo la capacidad de interacción disminuida o ausente.

Con todo, aún con los niveles más profundos de sedación, no se puede afirmar que no persista algún tipo de conciencia en el enfermo que le permita sentir la presencia y el contacto de personas conocidas, o percibir sonidos u olores que le resulten familiares.