El latido del embrión y el derecho a la información

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Por Nicolás Jouve, Catedrático Emérito de Genética Presidente de CíViCa y ex -miembro del Comité de Bioética de España. Publicado en Actuall el 24 de enero de 2023.

Si se reconoce al aborto como drama, habrá que plantearse qué hacer para tratar de reducirlo. Negar la información viola la Ley de Autonomía del Paciente.

Es curiosa la tendencia a no informar de quienes tendrían la obligación de hacerlo sin prejuicios o condicionamientos ideológicos o intereses políticos. A pesar de los conocimientos actuales se siguen diciendo cosas como que un embrión no es más que “un amasijo de células”, que el feto no es más que “un coágulo de la madre”, que “hasta que no anida el embrión en el útero no hay embarazo”, que “el aborto es un derecho de la mujer”, y otra serie de mitos y falsedades sobre el inicio de la vida y el valor del embrión humano.

Y, ante la resistencia de quienes defienden la vida, se ha pasado a negar toda posibilidad de que la mujer embarazada sea informada sobre lo que supone el aborto y sobre la realidad de la vida que lleva dentro frente al drama de acabar con ella si ese fuese su deseo…. Negar la información va en contra de un principio básico de la bioética, el derecho a la información como garantía de la autonomía del paciente. Negar una información veraz y segura como la que ofrecen las ecografías durante el embarazo es negar el derecho a conocer los pros y las contras de una decisión de la que paradójicamente se reconoce que es un drama.

Frente a ello, se buscan argumentos falsos. Causa estupor oír en una tertulia de televisión a una conocida periodista, habitual tertuliana en muy diversos medios, que hacer una ecografía durante el embarazo pone en riesgo la vida del bebé y que por lo tanto esto no se debe ofrecer a las mujeres…

Es evidente que la base de su argumentación no tiene nada que ver con sus conocimientos médicos o científicos sobre las consecuencias de unas pruebas inocuas a las que atribuía vaya usted a saber que nefandos efectos teratógenos. Sus razones, que así se lo habían asegurado los ginecólogos y porque sabe lo que es estar embarazada. Magnífica argumentación y estupendo ejemplo de los bulos a que tan acostumbrados nos tiene la progresía mediática, que se considera defensora exclusiva de los derechos humanos y que, hasta promueve la creación de servicios oficiales para desmentir bulos.

Y al parecer lo políticamente correcto en el caso del aborto es anteponer el pretendido derecho a decidir por encima del auténtico derecho, que es el derecho a la vida. Este es el genuino derecho de acuerdo con la única doctrina que debería ser válida, la de la realidad de la vida desde la concepción de acuerdo con los datos de la ciencia mantenida por el tribunal constitucional, desde la sentencia 53/1985, que declaró el aborto disconforme con la Constitución, por incumplir en su regulación exigencias constitucionales derivadas del art. 15: “Todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes”. Ese todos incluye a todo ser humano, toda vida humana, y por tanto a los concebidos en las primeras etapas de la vida.

Abortar es más que torturar o tratar a alguien de forma inhumana o degradante. Abortar es segar la vida del no nacido. Abortar es matar. A no ser que vivamos en un mundo al revés en el que lo blanco sea negro y matar a un concebido no nacido o a un adulto, como en la eutanasia, sea defender un derecho superior al derecho a la vida. Es evidente que el aborto no puede ser un derecho, aunque la ONU, la OMS y los gobernantes de muchos países lo quieran convertir en un derecho y retuerzan la verdad para mantenerlo así de forma ilegítima. Incluso con la pretensión de convertirlo en derecho constitucional a nivel europeo, como defiende el presidente de la república francesa Emmanuel Macron.

Frente a esta insensatez, suena con fuerza la voz del papa Francisco en su alocución de la habitual audiencia a los diplomáticos ante la Santa Sede hace tan solo unos días:

La paz exige que ante todo se defienda la vida, un bien que hoy es puesto en peligro no sólo por los conflictos, el hambre y las enfermedades, sino demasiadas veces incluso desde el seno materno, afirmando un presunto “derecho al aborto”. Nadie puede arrogarse el derecho sobre la vida de otro ser humano, especialmente si este está desprotegido y por tanto privado de cualquier posibilidad de defensa» … «Trágicamente, cada vez somos más testigos de la aparición de un “miedo” a la vida, que se traduce en muchos lugares en un miedo al futuro y una dificultad para crear familias y traer hijos al mundo».

En cuanto al tema de las ecografías durante el embarazo, que tanto revuelo ha suscitado desde que el Gobierno autonómico de Castilla y León desvelase su deseo de ofrecerlo de forma voluntaria a las mujeres embarazadas, a quien hay que escuchar es a los ginecólogos, no a los políticos ni a los comunicadores. Y así, como muy bien señala el Dr. José Ignacio Sánchez Méndez, prestigioso ginecólogo que presta sus servicios en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid, respecto a las mujeres embarazadas:

«La ley de autonomía del paciente (41/2002) recoge que tienen derecho a conocer, con motivo de cualquier actuación en el ámbito de su salud, toda la información disponible sobre la misma» (artículo 4.1), y que «La información clínica forma parte de todas las actuaciones asistenciales» (artículo 4.2), y obliga al médico no sólo a la correcta prestación de sus técnicas, sino al cumplimiento de los deberes de información» (artículo 2.6).

Entonces ¿Dónde está el problema de ofrecer esta información que no solo es que puede ayudar a la mujer que lo desee a informarse antes de decidir, sino que, además, se reconoce como una obligación deontológica de los médicos? Sobre todo, cuando de lo que se trata es de aceptar o rechazar lo que todo el mundo reconoce como un drama.

Ante la situación creada por los políticos tras la propuesta del gobierno de Castilla y León, más de medio millar de médicos de toda España, entre ellos dos centenares de ginecólogos han firmado el llamado “Manifiesto de Médicos por el Latido Fetal, promovido y difundido por la Fundación masvida y firmado en primer lugar por el Dr. Sánchez Méndez. En el mismo se señala como punto partida que el embrión-feto tiene latido”. Esta es una evidencia irrefutable desde los conocimientos de la embriología que explica que el desarrollo embrionario es un proceso continuo que crece en complejidad desde la fecundación, de modo que entre la tercera y cuarta semana ya se ha constituido el esbozo del corazón que late, como una muestra más que evidente de que ahí hay una vida humana.

La pregunta que se formula el Dr. Sánchez Méndez es por qué se trata de ocultar el latido, pudiendo ofrecer esta evidencia a la mujer que ha de tomar la decisión de abortar o no. Una decisión que no se puede hacer a la ligera, pues tiene consecuencias obvias para la vida del embrión-feto, y también para la de su madre.  Y afirma que

Si la interrupción legal del embarazo es algo digno de ser promocionado, como parece deducirse de algunas declaraciones oídas estos días, pues adelante, a ver si este año hay más que el pasado. Pero si lo que sabemos es que realmente es un drama, habrá que plantearse qué hacemos para disminuir el número de dramas”.

El manifiesto termina afirmando que “no se puede confundir a la opinión pública alertando sobre los daños potenciales que le puede producir a un embrión, en peligro inminente de ser eliminado, la comprobación mediante una ecografía Doppler de que su corazón está latiendo”.

Es importante por lo tanto salir al paso de las afirmaciones frívolas y desconocedoras de la verdad, de que una ecografía doppler produce daño a quien se le práctica. Ya causa asombro oír esto esgrimiendo la defensa del bebé, cuando lo que se pretende es precisamente lo contrario, no permitir que se le reconozca con toda la vitalidad de su corazón latiente para ocultarlo y facilitar su eliminación.

Las ecografías o sonografías, son técnicas de diagnóstico por imágenes, no radioactivas, no invasivas, inocuas y seguras para la madre y el bebé. Se suele realizar una por trimestre durante el embarazo, la primera entre la 11ª y 14ª semana, pero no hay problema en realizarla antes si se desea. Una ecografía doppler, que se realiza más adelante, a partir de la semana 20ª, combina el uso de ultrasonidos y el doppler con el fin de conocer las estructuras vasculares. Son técnicas seguras que permiten estudiar el flujo sanguíneo en puntos concretos y practicarlas especialmente en los embarazos de riesgo.

Cuando está en juego una vida y tenemos medios para conocer esta realidad ¿Qué razón existe para ocultarla?

Nicolás Jouve de la Barreda
Nicolás Jouve de la Barreda
Catedrático Emérito de Genética de la Universidad de Alcalá. Presidente de CiViCa.