Cerebro – mente, mente – cerebro.

Cuestiones éticas durante la pandemia del COVID-19.
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Por José Luis Velayos (Catedrático de Anatomía, Embriología y Neuroanatomía, Profesor Extraordinario de la Universidad CEU-San Pablo – Miembro de CíViCa).

  1. Cuestiones previas.

¿Es lo mismo mente que cerebro? ¿Es el alma una emergencia del cerebro? ¿Desaparece con la falta de funcionamiento del cerebro? ¿Qué ocurre en el sueño, en la anestesia profunda, en el coma, en las enfermedades mentales? ¿Tienen alma los animales y las plantas?

Para Aristóteles y los tomistas y neotomistas: el hombre es una unidad hilemórfica de materia y forma, visión que parece la más acorde con lo que las ciencias observan.

El hombre posee un alma, un aliento vital, el “soplo” que anima al cuerpo. Está hecho de barro y aliento. Es un cuerpo espiritualizado, un alma encarnada. Ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, y  por lo tanto, es libre e inmortal, como lo es el Creador.

2) Dentro de esa unidad vital, es obligado considerar el problema de la consciencia, cuyas bases neurales han sido y son estudiadas por numerosos neurobiólogos. Las hipótesis explicativas, múltiples,  hoy por hoy, no son definitivas, aunque se conozcan las partes anatómicas del encéfalo que intervienen en el asunto. Muchas de ellas son de corte materialista, que no han pasado de ser mera DDs hipótesis, pues científicamente no han sido comprobadas.

Algunos dicen que la conciencia apareció en el Universo ya desde el principio. No es lógica tal afirmación, pues la consciencia no es algo etéreo, sin soporte físico, y en el principio no había más seres vivos que el mismo Dios. Se podría decir, sin embargo, que entonces  la única consciencia existente sería la referente al Creador, al “Espíritu que sobrevolaba sobre las aguas”, como se dice en la Biblia.

3) La estructura del cerebro humano constituye la condición necesaria para pensar y decidir. Sin embargo, el cerebro no es el que piensa; es el instrumento del que se sirve el hombre para pensar: la persona es la que piensa, no su cerebro.

La actividad mental (y todo acto humano) va pareja con cambios metabólicos y bioquímicos cerebrales, lo que nos habla de esa unidad vital que constituye el hombre. En este sentido, las Neurociencias demuestran que el cerebro del hombre es distinto que el de los demás animales; cosa lógica, pues es necesario que el cerebro del hombre tenga características biológicas humanas. Pero las Neurociencias no pueden demostrar la existencia del alma, pues los datos que aportan, aunque valiosos, aproximan a la comprensión del asunto, sin poder, sin embargo, dar una solución definitiva. Por eso, se necesita  echar mano de otra ciencia: la Filosofía. A este respecto, Millán Puelles dice que el alma humana es algo capaz de ser sin materia.

Una de las diferencias entre el cerebro humano y el animal estriba en el gran desarrollo en aquél de la zona más anterior de los lóbulos frontales, la corteza prefrontal, grandemente implicada en los procesos de razonamiento y memoria. Zona que, como dice Fuster en su libro “Cerebro y libertad”, constituye el sustrato físico de la libertad. Tiene mucho que ver con la toma de decisiones y la planificación de la conducta. Esto no quiere decir que el alma tenga su exclusivo asiento en la corteza prefrontal. Funcione o no correctamente esta corteza, el alma sigue siendo el “soplo vital” del organismo y por tanto del cerebro. El alma está en el cuerpo, pero no está localizada en una estructura u órgano concreto.

Una zona muy importante para la vida es el tallo cerebral (zona de unión del encéfalo con la médula espinal ), donde se sitúan los centros cardiocirculatorios y respiratorios. Es la zona donde el torero clava la puntilla al toro, provocándole rápidamente la muerte. Si el tallo cerebral funciona (es el caso, entre otros, del coma, del estado vegetativo persistente, de la anencefalia, de la intoxicación barbitúrica, etc.) está presente una vida humana. No está ahí topográficamente el alma, pero la destrucción del tallo cerebral implica la muerte del sujeto en cuestión.

4) El cerebro (y en suma, el cuerpo) es la porción material. La mente (considerando la memoria, la voluntad, la consciencia) forma parte del mundo trascendente, inmaterial, de la persona; y su dimensión es superior a la correspondiente a los procesos psíquicos de los animales.  El ama no es información, sino que maneja información (no es lo mismo información que manejo de información).

La mente y lo corporal son ámbitos de una misma realidad, pero no hay una explicación definitiva sobre cómo puede actuar la mente sobre el cuerpo, y a la inversa.

Y hay que añadir la afirmación Jouvé: “Ni somos esclavos de nuestros genes ni nuestros actos obedecen automáticamente a lo que dictan nuestras neuronas”.