Aborto: no todos miran hacia otro lado

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Por Alicia Latorre, publicado en Religión en Libertad es 30 de diciembre de 2020

Siempre es necesario defender la vida y tener en cuenta que, gracias a Dios, no todos miran hacia otro lado ante las tragedias legitimadas e instaladas como una lepra en el tejido social y en muchos corazones. Es necesario y justo hablar del intenso trabajo que llevan a cabo las asociaciones provida en España, pero se hace especialmente urgente cuando las amenazas son mayores, no sólo por los no nacidos que a diario son sacrificados en el vientre de sus madres bajo el amparo y financiación de la ley o por el desprecio a la vida de los más débiles, enfermos o ancianos, sino porque hay un profundo desconocimiento e incluso ataque hacia estas asociaciones.

Es urgente informar y agradecer. Informar de que el movimiento pro-vida en España no es solo un grupo que se posiciona contra el aborto, la mayor aberración e injusticia hacia el ser humano más débil e indefenso, contra la eutanasia, contra… sino a favor de toda vida humana en cualquier etapa y circunstancia, así del compromiso personal y de difusión de la cultura de la vida. Es contra porque es pro, pro todo lo bueno, hasta la médula.

Labor sostenida durante años

El primer movimiento civil organizado en España nació en Barcelona en 1978 con la primera asociación Provida, a la que siguieron muchas otras y en 1981, es decir, 4 años antes de la primera ley del aborto, se constituyó en Zaragoza la Federación Española de Asociaciones Provida (FEAPV), que agrupaba a las asociaciones existentes.

Con muy pocos medios, sin el lujo de comunicaciones que hoy tenemos, trabajaron durante décadas por salvar vidas y por acompañar a las madres, que a menudo se encontraban solas, presionadas, atemorizadas y rodeadas de problemas. Pero no es sólo cosa del pasado, porque lo extraordinario es que siguen, que continúan hoy trabajando, constantes, sacrificadas, de manera silenciosa y fecunda. Se han incorporado algunas nuevas a esta familia de la FEAPV y hoy son 33 las que se encuentran repartidas en toda España.

Fruto de esa ayuda se han salvado casi doscientos mil niños y han sido ayudadas más de trescientas mil mujeres. Son además incontables los hombres y mujeres que han recibido sus beneficios, de una u otra forma. No son cifras abultadas, al contrario, están incompletas, ya que los primeros años las asociaciones no comunicaban sus datos y aún no tenemos recogidos los de 2020.

A estas cifras hay que sumar las de las demás asociaciones que no pertenecen a la FEAPV y cuya labor es también extraordinaria. Estas nacieron en fechas más recientes, a lo largo de los años, algunas en torno al año 2000 y otras cuando empezó a tramarse la ampliación de la ley de 2010. Todas ellas, las más veteranas y las más recientes, defienden la vida humana desde ámbitos distintos: asistencial, científico, médico, antropológico, de objeción de conciencia, investigación, cine, etc.

Una ingente cantidad de retos

Pero la labor de provida no se reduce a la protección de los no nacidos y de la maternidad difícil, no sólo busca la implicación del padre y un ambiente sano y estable en que crezca esa vida. No sólo acompaña, forma, proporciona lo necesario para el bebé en cuanto a higiene, alimentación, ropita y enseres varios. No sólo ayuda en la búsqueda de oportunidades laborales, atención médica, acompañamiento y escucha. No sólo consuela, cura heridas y trata de levantar a quienes atormentados y enfermos, a veces debido a las secuelas de los abortos provocados, necesitan encontrar un sentido a su vida y descubrir el inmenso bien que pueden sacar de una experiencia tan desgraciada.

Aunque estos «no solo» serían más que suficiente para bendecir su existencia, las asociaciones Provida, a lo largo de los años y actualmente, han tratado de dar respuesta a los nuevos retos surgidos por las constantes amenazas: la mentalidad anticonceptiva, la gestación subrogada, la investigación con embriones, el tráfico de órganos y tejidos de no nacidos, el ataque a la familia… y ahora más recientemente, la tramitación de la eutanasia que también quiere eliminar a ancianos y enfermos presentándolo además como si de una obra de caridad se tratara.

Congresos y presencia en la calle

Sólo de la FEAPV son más de setenta los congresos realizados, entre los de jóvenes y generales, difundidos por streamimg cuando técnicamente ha sido posible y divulgados como material formativo, efectivo y práctico. Congresos donde se han dado razones para defender la vida desde todos los ámbitos y donde se ha acercado a los asistentes a testimonios extraordinarios de personas que han vivido las situaciones más difíciles, se han mostrado las salidas médicas y humanas a la maternidad difícil por la enfermedad del hijo y de la madre, el tema del aborto y el oscuro mundo que encierra, la investigación que respeta la vida y la que no, la enseñanza y divulgación de los métodos naturales de conocimiento de la fertilidad, la sexualidad sana y abierta a la vida, el comercio con embriones y órganos del no nacido, en el entramado de las asociaciones promuerte, la gestación subrogada, la adopción y un largo etcétera, pero sobre todo, el esfuerzo por promover iniciativas positivas, por mostrar la verdad y por lograr una unión que es fundamental en el movimiento provida, que, gracias a Dios, existe en lo fundamental.

Han salido a la calle con todos los gobiernos desde el momento primero hasta el último y ya desde 2011 en torno al Día Internacional de la Vida en una jornada intensa y preciosa a la que cada vez acuden más jóvenes, familias enteras y mayores, porque la defensa de la vida es siempre actual e intergeneracional.

Han hablado y entregado material a políticos de todo signo, han hecho denuncias cuando ha sido necesario, algunos grupos han ofrecido ayuda a las madres hasta el último momento , rescatando literalmente de la muerte a sus hijos y a ellas mismas, han fomentado los cuidados paliativos y la atención y derechos de quienes tienen cualidades y necesidades diferentes. Han colaborado en medios de comunicación dando la cara, aunque en algunas ocasiones se la hayan partido, tratando de mostrar respeto por todas las personas, incluidas quienes promueven el aborto, pero sin traicionar la verdad ni mostrarse tibios ante lo que cada vida y su dignidad merecen.

Un movimiento vivo y activo

El movimiento Provida está vivo en España, aunque haya quien ignore incluso niegue su existencia, es más, algunos se atreven a decir que lo han hecho muy mal porque el aborto continúa. La situación sería aún peor si no hubieran estado ahí, y su labor es mucho más que una gota de agua en el océano, creo que son más bien oasis en medio del desierto. Es justo reconocer y agradecer, porque nunca tan pocos hicieron tanto, a veces en la más completa soledad.

Las iniciativas civiles se centran en la defensa de la vida desde posturas que pueden compartir también los no creyentes, porque hay razones para defender la vida desde todos los ámbitos incluso aunque no se comparta la fe. Y es que, en realidad, no es una cuestión de creencias sino de evidencias. Hay razones que cualquier persona sin prejuicios y que busque la verdad puede reconocer y aceptar.

Promuerte: estrategia vieja y perversa

Esto no significa que se desprecie la dimensión espiritual, o que no sea la fe la que mueve y sostiene a muchos de los voluntarios. Los promuerte conscientemente identifican la defensa de la vida con un asunto religioso, para de esa forma afirmar que quien no sea creyente no tiene que defender la vida. Qué estrategia tan vieja y perversa, primero porque es la ley natural y la conciencia, si no está mutilada, la que nos interpela a defender la vida humana y nadie puede «escaparse» de este imperativo moral. Y también porque es una forma de pretender que quien sea creyente no tiene capacidad de razonar ni argumentos válidos.

Ya dijo el Dr. Nathanson en la conferencia que pronunció en el colegio de médicos de Madrid, que una de las estrategias para introducir el aborto era elegir a la Iglesia católica como culpable de todos los males, porque se oponía firmemente a las agresiones a la vida y que incluso había que dividir dentro de ella. Hay iniciativas religiosas en parroquias y movimientos de la Iglesia católica principalmente, pero también algunas de otras confesiones, que han estado siempre junto al débil, en acogida en sus centros para madres gestantes y en todas las circunstancias en que la vida humana está amenazada. Siempre lo hemos agradecido y en muchas ocasiones hemos colaborado mutuamente.

Cada cual en su ámbito

Y así debe ser, cada cual en su ámbito y que cada uno elija de qué forma puede servir a la vida, ayudándonos y complementándonos. Porque hay un lenguaje universal que todos entendemos que es el del amor, el sentirse escuchado y acompañado. Es una batalla tan compleja que ningún arma debe despreciarse y que, evidentemente es necesario mucho más que las fuerzas humanas, tanto para vencer el mal como para sostenerse en la batalla. En el polo opuesto están quienes creen que sólo desde la fe puede defenderse la vida y desprecian la labor de quienes lo hacen desde otros ámbitos, o piensan que se escoge la aconfesionalidad como bandera y que esa es la causa de que el aborto siga adelante.

La bandera no es otra que la defensa de la vida, la verdad y el compromiso que encierra, siempre, sin excepción, sin grietas ni concesiones, de manera coherente y desde todos los puntos de vista. No caigamos en ninguna de las dos trampas. La defensa de la vida es una cuestión de justicia, de conciencia individual y social, de humanidad, e involucra a la totalidad de la persona, cuerpo y alma. Eso lo tienen claro quienes acompañan en cualquier circunstancia a la vida naciente o agonizante, a los que arrastran el sufrimiento de una mala decisión o de haber formado parte de la destrucción de vidas. Nadie tiene la exclusiva, todos somos necesarios y debemos alegrarnos del bien que haga cualquier persona o institución.

Vidas generosas y heroicas

Lo que es una realidad es que no se conoce suficiente el intenso y constante trabajo que desde hace décadas llevan a cabo personas anónimas, profesionales generosos de distintos ámbitos, asociaciones pequeñas y grandes. Y no se conoce suficiente porque faltan medios para comunicarlo, pues la inmensa mayoría son voluntarios que ofrecen su tiempo compaginando trabajo, familia y ayuda y no se llega a más. Es, sin duda, algo urgente que solucionar. Pero el bien hecho es inmenso y es importante visibilizarlo, para que su ejemplo arrastre, para hacer reflexionar.

Son tantas las vidas generosas, heroicas, sencillas y profundas, desprendidas y sacrificadas que han tejido un entramado que sana, que sostiene, que mantiene la esperanza. Ellos no se derrumban cuando la apisonadora de la muerte se ríe y abraza por conseguir legalizar lo que nunca dejará de ser un mal objetivo y destructor de vidas inocentes. Porque saben que el bien vence cada día y que nada ni nadie impedirá seguir haciéndolo.

Quiero agradecer a tantas personas que se están dejando la piel en el anonimato de manera personal o asociativa, a quienes defienden la vida desde la fe o sin ella, desde la política, desde la medicina, la investigación o la docencia, desde la música y el arte, o desde su hogar y en su vida, en primera persona, cuando toca enfrentar una decisión difícil. También a quienes, arrepentidos, sacan bien del mal pasado y se convierten en punta de lanza para romper prejuicios y para llamar a las cosas por su nombre, incluso para abrirse a la fe que antes no tenían. Animo a todos a involucrarse en la lucha por la vida y a conocer y valorar lo que se ha hecho hasta ahora y se sigue haciendo.

Gracias a quienes defienden la vida desde la concepción hasta la muerte natural y en todas sus etapas y circunstancias. Gracias por tanto y por tantos. Y a quienes hasta ahora no lo han hecho, a quienes han mirado los toros desde la barrera o se han dejado llevar por la crítica o la desesperanza, podemos decirles con todo cariño y desde el corazón, que es urgente que hagan su parte, que nadie hará por nosotros el bien que nos corresponde hacer en nuestra vida, ambiente y circunstancias. La cultura de la vida no deja de sembrarse y siempre es fecunda. No bajemos los brazos, que solo entonces el mal avanzará más.