“Sí a la vida”. En defensa de la vida, de principio a fin

Video: La defensa de la VIDA desde la trinchera de la muerte
09/03/2022
«Compartimos la misma biología, a pesar de la ideología»
13/03/2022

Por Nicolás Jouve. Catedrático Emérito de Gwenética. Presidente de CiViCa. Publicado en Actuall el 12 de marzo de 2022.

El próximo domingo 27 de marzo celebraremos en Madrid y en el resto de España la gran fiesta “Si a la Vida”. A las 12:00, una marcha desde la calle Serrano esquina a Goya hasta Cibeles, precedida por una popular carrera de una milla para los deportistas “por la vida”, permitirá conmemorar un año más el día internacional de la vida. Recordemos que la conmemoración del “Día Internacional por la Vida” cada 25 de marzo, se acordó en Madrid en 2003, en el Primer Congreso Internacional Provida tras una encuesta mundial en la que participaron miles de personas de más de 20 países.

Marcha provida convocada para el domingo 27 –>

Tristemente, la práctica del aborto se ha extendido por el mundo en las últimas décadas como una mancha de aceite, incluyendo a muchos países de tradición cristiana. El origen de esta oleada tuvo su primer respaldo judicial en los Estados Unidos, donde se abolieron una serie de leyes restrictivas del aborto a partir de una sentencia de la Corte Suprema del 23 de enero de 1973, en el caso Roe v. Wade. ​Es importante saber que, a pesar de su trascendencia, aquel caso celebrado en el Estado de Texas dejó muchas dudas, empezando por el hecho de la falsedad testimonial de la demandante, Norma McCorvey, que usó el seudónimo de Jane Roe durante el pleito, ya que como confesó más tarde, ni había sido violada por una “manada”, ni deseaba abortar. Sin embargo, el caso se utilizó de manera intencionada para justificar el aborto como un derecho de la privacidad de la mujer que lo deseara ejercer, dejando de lado un derecho de orden mayor como es el derecho a la vida del concebido no nacido.

El caso Roe v. Wade sentó un precedente que llevo a la legalización del aborto en los EE.UU. el 22 de enero de 1973 al permitir la derogación de leyes restrictivas del aborto en muchos Estados de los EE. UU. A partir de entonces, dada la enorme influencia de esa nación y el empuje de las Naciones Unidas, bajo el señuelo del control demográfico y las demandas de los movimientos feministas, sirvió de precedente para el establecimiento de leyes del aborto por todo el mundo, hasta convertir esta práctica en un derecho de la mujer.

Pero ante una fiesta de la Vida, no nos interesa hablar de los aspectos negativos ni morbosos del aborto, sino de la belleza de la vida, y en todo caso resaltar los fallos de partida de aquella sentencia que sigue siendo cuestionada y está pendiente de revisión en los próximos meses.

De este modo, un concepto jurídico que contradice la realidad biológica, pero que se utilizó como fundamento en la sentencia del caso Roe v. Wade, fue el señalar que “la ubicación de la criatura (dentro o fuera del vientre materno) puede determinar si se trata o no de una vida humana y, por tanto, si es digna de protección”. O la afirmación de que “el feto es sólo una potencia de vida humana”.

Supongo que no es necesario señalar a estas alturas que tales afirmaciones son totalmente arbitrarias y carentes de cualquier base científica. Se ignora todo lo que la Biología del desarrollo ha venido demostrando desde mucho antes incluso de la sentencia. Que la vida comienza en el momento de la fecundación. Que el cigoto es la primera realidad corporal humana. Que la vida fluye sin solución de continuidad desde la fecundación pasando por las fases embrionaria (7 primeras semanas) y fetal (a partir de la octava semana) y que el desarrollo consiste en la organización espacio-temporal del organismo sobre la base de una información genética que quedó constituida justamente al unirse los gametos materno y paterno. El bebé que crece y se desarrolla no forma parte de la madre, sino que es genéticamente diferente a la madre y al padre y se edifica sobre la base de la información genética para la que está perfectamente equipado desde la fecundación.

¿Cómo se puede afirmar que el feto es sólo una potencia de vida humana, si la vida empezó mucho antes de alcanzar el estado fetal? Por otra parte, si como se afirmó en aquella sentencia la vida depende de la ubicación del bebé ¿cómo se explica que un ser no vivo y humano recibe mágicamente la vida y se convierte en un ser humano simplemente por pasar a través del canal del parto?

Es evidente, que los fundamentos de la aceptación del aborto fueron (y siguen siendo) arbitrarios y por tanto las leyes que lo implantan injustas e ilegítimas, ya que no se basan en hechos reales. La verdad, o sea los datos científicos para decidir quién es o no un ser humano, constituye un punto de partida necesario para todo razonamiento jurídico y ético, en relación con la defensa de la vida. Lo que se decidió en Roe v. Wade, repetido en muchas legislaciones posteriores, es una arbitrariedad que dejó a todos los niños no nacidos sin ninguna posibilidad de ser protegidos por la ley.

¿Cómo puede afirmarse que antes del nacimiento, la criatura es supuestamente sólo una vida humana en potencia? Y mediante que mágica conversión se puede entender que el paso a través del canal del parto transforma a un ser humano potencial en un ser humano real y verdadero. Por lo mismo se podrá decir que un buen vino de Ribera de Duero solo lo es cuando se abra la botella y se vierta en una copa, o que un viaje de Madrid a Paris, no empieza hasta que no se atraviesan los Pirineos, o cosas por el estilo. Imagínense la cantidad de arbitrariedades que se podrían cometer de sostener que la naturaleza de las cosas depende de su ubicación, cuanto más si en lugar de cosas hablamos de seres humanos.

Por este camino, no es de extrañar que vivamos tiempos de una marcada impostura de la razón en los asuntos públicos. Es muy grave que los juicios, tanto sobre los hechos como sobre los valores, se conviertan en disposiciones sin necesidad de ser contrastados con la realidad.

Pero, la realidad es la que es, no la que se quiera construir con conjeturas o conveniencias. De hecho, en la Sentencia del 25 de febrero de 1975 el Tribunal Constitucional alemán –posiblemente el más prestigioso de Europa- rechaza los argumentos de Roe v. Wade al señalar que:

“El proceso de desarrollo (humano) es continuo (…) no permite ninguna división precisa de las distintas etapas… no finaliza ni siquiera con el nacimiento. Los fenómenos de la conciencia que son específicos de la personalidad humana, por ejemplo, aparecen por primera vez bastante tiempo después del nacimiento. Por lo tanto, la protección… de la Ley Fundamental no puede limitarse ni al ser humano “realizado” después del nacimiento ni al niño a punto de nacer que es capaz de vivir independientemente… (ni) puede efectuarse aquí ninguna distinción entre las diversas fases antes del nacimiento de esta vida que se desarrolla a sí misma…”

El Profesor Richard Stith de la Facultad de Derecho de la Universidad de Indiana, un gran defensor de la dignidad humana desde el inicio de la vida, hace un análisis de la citada sentencia del alto tribunal alemán y afirma que: “si el fallo Roe v. Wade es derogado por la Corte Suprema de los EE.UU. en el futuro, el debate sobre el aborto no terminará. Más bien, solo comenzará. No podemos estar seguros de que el lado provida triunfará en un voto democrático. Pero, al menos podemos insistir en que los legisladores que favorecen el aborto expliquen por qué el latido de un corazón no prueba que existe vida a las tres semanas de gestación, y a qué especie pertenecen nuestros bebés no nacidos si no son humanos” (Richard Stith, Los Grandes Rechazos de la Sentencia Roe v. Wade, 1 Rev. Der. Humanos 75 (2010).

Hay que exigir rigor y orden en todo lo que tenga que ver con el establecimiento de las leyes. No es de recibo convertir un deseo en un derecho, como en el caso del aborto, situándolo por encima incluso del “derecho a la vida”, el más importante y reconocido de todos los derechos. Desde la fecundación hay un ser humano que pasa por su fase más vulnerable en sus fases iniciales, durante el desarrollo embrionario y fetal, pero que es una realidad biológica en pleno desarrollo… aunque no se vea (o no se quiera ver, que medios hay para hacerlo). Toda vida humana es el mismo ser, el mismo organismo que empezó su ciclo vital en la fecundación, y no tras atravesar el canal del parto o cuando se alcance la capacidad de razonar, la conciencia, o lo que cada uno arbitrariamente quiera considerar como dato para establecer la protección jurídica.

Solo me queda añadir el deseo de que vuelva la paz a Ucrania. Que se respete la vida de las personas, su libertad e independencia y que se condene el “crimen de guerra” que supone el bombardeo a una maternidad y un hospital en la ciudad de Mariúpol.

Nicolás Jouve de la Barreda
Nicolás Jouve de la Barreda
Catedrático Emérito de Genética de la Universidad de Alcalá. Presidente de CiViCa.